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martes, agosto 21, 2007

Regresando de vacaciones.

Pues sí, me estoy reincorporando a mis labores cotidianas, luego de haber tenido dos semanas de vacaciones, de las cuales una las pasé con mi esposa en la playa, mientras la otra la dedicamos a estar echados en nuestra casa. Ya con las pilas puestas y sin ánimos de regresar, henos aquí en la universidad finiquitando varios detalles para la tesis, ya que se acerca cada vez más el fatídico día en el que tendré que entregarla (no porque no quiera, sino porque simplemente me asusta).

En fin..., este verano no hicimos unas vacaciones culturales, sino de playa. Fuimos a la Puglia (Apulia en español), región que corresponde al tacón de la bota italiana. ¿Por qué ir hasta allá?, pues en primer lugar porque era más barato que otras playas. El único detalle fue el tener que recorrer 1200 km para llegar al pueblo donde nos quedamos, Torre San Giovanni, ubicado casi en la punta del tacón de la bota. Debido a esta distancia tan larga, hicimos una parada en la ciudad costera de Pescara, justo a mitad de camino, en donde los empleados del hotel donde nos quedamos a pasar la noche al ver nuestros pasaportes venezolanos nos dijeron que en las cercanías había un "pub venezolano".

Siguiendo sus indicaciones, llegamos al lugar y descubrimos que el sitio más que un pub era una taguara dedicada a la venta de comida rápida venezolana, tales como arepas, empanadas, cachapas, y hamburguesas venezuelan style: con papitas fritas, tomate, lechuga, mucha salsa, cebolla, queso y huevo frito; así como perros calientes y otras variedades de hamburguesa venezolana. El propio sitio inspirado en una de las calles del hambre que se encuentran en nuestra geografía. El sitio, atendido por sus propios dueños, goza de bastante popularidad entre turistas, locales e inmigrantes venezolanos. Ante nuestra sorpresa, el dueño nos comentó que el Abruzzo es una región en donde hay una gran colonia venezolana, lo que nos confirmó uno de los comensales del sitio: al parecer muchos han decidido regresar a la tierra de sus padres/abuelos a probar suerte, dada la situación económica de Venezuela en la actualidad. Repletos de comida que teníamos tiempo sin probar (nos da flojera hacer empanadas), descansamos esa noche y finalizamos nuestro recorrido.

En el tacón de la bota...

Una vez que partimos hacia al sur, no tuvimos mayores problemas, salvo una cola más o menos grande a la altura de Bari, para luego pasar al árido paisaje pugliese, en donde sólo observamos plantaciones de olivos, trigo y vid. De hecho, la región donde fuimos (la península salentina) tiene como productos típicos el aceite, la pasta y un vino particularmente fuerte. Afortunadamente, nuestra estadía tuvo como única novedad interesante el hecho de que hacía mucho tiempo y que las playas eran particularmente bellas: de arenas blancas y aguas transparentes. Por supuesto, no nos limitamos sólo a bañarnos en la playa y tomar el sol, fuimos a Santa María de Leuca, el punto más al sur de la Italia Oriental, así como Lecce, una ciudad bastante bonita y tranquila. Por supuesto hay fotos de todo eso, sólo tienen que darle un ojo a mi página en Flickr, en donde podrán verlas. A continuación dejo dos de éstas.

Así que bueno, oficialmente, he regresado a trabajar.

Paisaje Pugliese.
Paisaje Pugliese


Playa en Torre San Giovanni.
Torre San Giovanni.

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martes, febrero 06, 2007

Impresiones de Venezuela II.

Prosigo con mis impresiones de mi última visita a Venezuela. La entrada anterior sobre el tema se consigue acá.

¡Ta' barato!, ¡¡dame cuatro!!

Una cosa que observé durante mi estancia en Venezuela es que sentía que había plata en la calle. Realmente se sentía una orgía consumista en cualquier lugar: ibas al Sambil y gente comprando; ibas a las Américas1 y la gente comprando como si no hubiera un mañana. Si ibas a busca un celular en oferta, ¡ya estaba agotado!. En otras palabras hay una gran cantidad de dinero en la calle que recuerda los días de la famosa Venezuela Saudita2, y al parecer no hemos aprendido de dicha experiencia... ¡Hasta tenemos un "Locoven" redivivo!... -_-. ¿Las razones de este boom económico?, pues no es razón de esta entrada discernirlo cuando ya hay quien lo ha hecho, recomiendo chequear algunos de estos enlaces en "El Liberal Venezolano" (1, 2) y "The Devil's Excrement" (1, 2). Para quien le dé flojera leer esos enlaces, la razón es el exceso de liquidez que actualmente hay en circulación lo que ha provocado ese aumento en el consumo.

Siguiendo con la onda del consumo, también observé algo interesante sobre los precios de las cosas: son horrendamente caras. Es increíble lo caro que está todo, sobre todo los rubros que son tradicionalmente importados al país, como computadores y equipos electrónicos. Cuando veía los precios, éstos no me cuadraban y decidí anotarlos y compararlos con los precios acá en Italia; decidí usar televisores de pantalla plana como patrón (quiero comprarme uno), vi los precios en diversas tiendas del Sambil, los convertí en euros,tanto controlados como libres, y los comparé con los precios (de los mismo productos) que daba una tienda electrónica italiana (Media World3). ¿El resultado? las tiendas venezolanas tenían un sobreprecio entre el 40 y el 50% con respecto a su par italiano. Dicha discrepancia se podría explicar con dos razones: 1)el tradicional ladronismo de los comerciantes venezolanos (en especial los del Sambil); y 2)los altos impuestos que éstos pagan. El primer punto es que el observador dice sin pensar mucho, y que tiene algo de verdad, el detalle está en que a los precios que uno paga se le deben quitar al menos el valor del IVA y del impuesto de nacionalización. El primero no sé cuanto es, pero el segundo mi hermano me informó que alrededor del 30% del valor declarado del producto. Saquen Uds. sus propias conclusiones.

La elocuencia del silencio.

Esta fue una de las cosas que más me pegó: somos ruidosos que jode. En cualquier centro comercial, calle o edificio, todo era una rumba prendida. Recuerdo haber estado en Parque Aragua1, en donde te amenizaban tus compras con un grupo de gaitas y una miniteca a todo gañote, sin contar la música que salía de algunos negocios. Lo cual al contrastarlo con el equivalente italiano te permitía concluir que el clima, definitivamente, influye en los estados de ánimo. Uno se da cuenta que el espíritu festivo del venezolano está fuertemente ligado a como es nuestro clima, porque eso de poner en el estacionamiento un grupo de gaitas lo veo difícil en caso de que tuviéramos invierno.

Por supuesto, la música no era la única fuente de ruido, también estaban los niños. Esa es una cosa que es imposible no dejar de notar: niños por todos lados, gritando, jugando, volviendo locos a sus padres. Cuando ves la cantidad de cosas que hay pensadas para los niños y la enorme cantidad de éstos, notas la gran diferencia entre un país joven, como nosotros, y un país viejo, como Italia. Como corolario de esto, está la gran cantidad de mujeres embarazadas que se ven por doquier. Es como dice Caribe, en Venezuela paren como acures ;).

El monte es para los conejos.

Sonaré repetitivo, pero nada como alejarse un poco de nuestro terruño para notar lo interesante de nuestra cotidianidad. Una de estas cosas es la dieta del venezolano, la cual es excesivamente rica en proteínas y carbohidratos. No es que uno no lo notara cuando uno cocina pero cuando llegas a casa de algún familiar y lo que ofrecen para comer es algún derivado cárnico acompañado con arroz y ensalada, algunas veces de papas, te das cuenta que sin carne no vivimos. Pareciera que para tener una comida que consideramos decente, la carne debe estar presente. Sin carne no hay comida. Y nadie como la propia familia para notar eso, como mi madre, par quien un almuerzo sin carne no es un almuerzo completo, o una cena ligera es una arepa con queso. Convicción de la que se hace participe mi suegra. Pero es así, si uno se fija bien nuestra dieta gira en torno a la carne, acompañada con arroz o arepas. Por supeusto, no podemos olvidar las leguminosas, pero ¿ensalada?, poca, muy poca. Nosotros, definitivamente, no comemos monte.

Un líder...

Para concluir, me limito a nombrar la cuasi omnipresencia del presidente en todos lados, sea como gigantografías, pancartas o caricaturas. Definitivamente está en todas partes. Lo que vale la pena preguntar es ¿quién paga?, por ejemplo, esa pancarta que estaba (no sé todavía está) a lo largo de una de las torres de Parque Central. Supongo que la pagamos todos los venezolanos... En todas partes se ve una imagen de Chávez haciendo o diciendo algo. Es algo como omnipresente. De hecho, si eso aunamos los poderes especiales que ahora tiene, estar del lado que le adversa es un poco atemorizante. ¿Por qué?, bueno, hay una gran tajada de personas que sostiene que Venezuela es una dictadura con visos de fascismo, los cuales se convierten a la paranoia como si fuese una religión. Un ejemplo de ésto es el dado por mis padres: sostienen que se debe hablar en voz baja, porque no se sabe quien lo está oyendo a uno; no criticar al gobierno frente a extraños, y un largo etcétera. Pongamoslo así: cuando descubrieron que tengo un blog y que en éste he criticado a este gobierno, faltó poco para que se pusieran a ver si la DISIP estaba llegando a la casa. De nada sirvió decirles que escribo con un seudónimo (aunque he dejado suficientes pistas sobre mi identidad en mis escritos), que nadie conoce quien soy (salvo tres bogueros), que no me visita tanta gente como para ser notado por los censores gubernamentales (mi pico máximo han sido 123 personas en un día) o que hay otros blogueros de la oposición quienes tienen más probabilidades que este servidor de ser encanados. Mi madre con lágrimas me pidió que no criticara al gobierno porque me podían meter preso, que "somos unos pendejos", mientras mi padre se preocupaba enormemente por mí. El miedo es libre, como dijo aquel sindicalista adeco. Pero esto demuestra el miedo que ha logrado sembrar el gobierno en cierto sector de la población, independientemente de haber sido hecho de forma directa o indirecta.

Sólo me queda decir que a Venezuela me da miedo volver, que mucho de lo que vi me ha hecho reflexionar sobre mi futuro, y que la idea de abandonar permanentemente mi tierra se ha visto reforzada. He descubierto que hasta cierto punto soy un extraño en mi tierra, así como soy un extraño en Italia, y me doy cuenta de mi grado de desconexión con la realidad venezolana: no es lo mismo leerlo u oírlo que vivirlo. Siento que mi realidad es otra y que ya no pertenezco a aquella en la que nací y crecí...

1Centro comercial de Maracay.
2Para aquellos lectores que no son Venezolanos: con ese nombre se conoce la época del boom petrolero que hubo entre mediado de los 70's y principio de los 80's del siglo pasado.
3Sí, sé que es alemana, pero comparé con los precios italianos.

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lunes, enero 15, 2007

En Venezuela II

Continúo mi post anterior sobre mi llegada al país.

Gracias al movimiento navideño y mis constantes viajes entre Maracay y Caracas (les recuerdo una vez más que mi costillita es de la Ciudad Jardín) no atendí el blog en lo más mínimo, salvo por un post. Lo peor es que lo actualizo a pocos días antes de la fecha de mi retorno a Italia (08/01/07). Así que mejor me apuro y termino de escribir mi llegada y algunas de mis impresiones.

Tal como dije anteriormente, con una sutil mentada de madre pero con la alegría de ver a mis padres, arrancamos de Maiquetía únicamente con nuestras maletas de mano. Gracias Iberia por tu eficiencia. Afortunadamente, mi esposa por esas cosas del destino había empacado algunas prendas en el maletín de mano porque no cupieron en nuestras maletas, lo cual le permitió cambiarse la ropita ese fin de semana. Por mi parte, como llegábamos a casa de mis padres, ahí todavía tenía suficiente ropa para cambiarme por varios días pero con un ligero defecto: olor a guardado. Así que sobrevivimos hasta la llegada de nuestro equipaje el 16/12/06.

Subiendo la Trocha.

Después de llegar a Maiquetía, hacer los saludos de rigor y meternos en el carro, procedimos a participar en esa gran experiencia comunitaria y sumamente democrática que es la denominada Trocha (así, com mayúscula y todo). Esta experiencia induce a todos por igual, sin importar su credo, raza, condición social o calidad de su transporte, a una experiencia comunitaria que se traduce en una cola de una hora y media, en la cual se puede conversar, mentar madre, dar gracias a Dios por tener aire acondicionado, etc etc etc. Toda una experiencia mística, democrática y solidaria.

Luego de estar por hora y media metido en esa cola y dando gracias porque no era yo quien manejaba, llegamos a la nunca bien ponderada Trocha. Allí, como en un embudo, nos fusionamos todos los canales en uno solo, y pasamos, admirando la gran labor de ingeniería ejecutada por este gobierno. Al lado estaba la construcción del nuevo viaducto, la cual me comentaron recientemente está encargada a una malvada empresa imperialista. Mi esposa y yo mientras admirábamos el nuevo viaducto, notamos algo que nos llamó la atención en las columnas: éstas eran acanaladas. "Ajá, ¿y?", se preguntarán algunos, pues, las columnas acanaladas son más propensas a sufrir de corrosión de sus refuerzos internos (sus cabillas). Esto se debe a que la capa de concreto que las recubre es muy delgado, lo que facilita la penetración del agua y del CO2 atmosférico, lo que provoca la corrosión de las cabillas. ¿Solución?, eliminar esas canales. Lamentablemente, esta es una información relativamente reciente, y que no aparece en ninguna normativa (apenas acaban de introducirla en la U.E.), lo que hasta cierto punto justifica que la empresa que está haciendo el viaducto lo desconozca. Así que en algunos años es posible que veamos problemas de corrosión en esa vía. Advertidos están.

Lo mejor de la experiencia ¿trochística? fue que pudimos repetirla al otro día cuando fuimos a buscar nuestras maletas, los que nos llevó nuevamente a ese estado nirvánico que es la cola de la trocha, tanto de bajada como de subida...

En Caracas.

Una vez superada la Trocha, Caracas nos recibió ¡con una enorme cola!. Dicha cola nos permitió observar los adornos en el Guaire, tanto del lado de Libertador como del de Baruta. En mi opinión, ambos arreglos son feos pero pareciera que en Libertador hicieron un esfuerzo mayor para que se vieran más feos. Gracias a esos adornos, la cola fue particularmente memorable. Pero mejor estuvo el día siguiente (la cola, quiero decir) cuando regresábamos con las maletas, después de habernos calado la trocha de bajada y de subida, la cola en Caracas ¡era mucho peor!, cualquiera pensaría que la culpa la tendría el exceso de carros que hay actualmente en nuestras calles, o que hubo un accidente, o que Caracas es una locura... ¡Pues no!, resulta que el 16/12 la Alcaldía de Baruta había organizado una especie de concierto gratuito de frente a su sede, lo cual incrementó el normal embotellamiento que se observa en la Autopista Francisco Fajardo. Lo más surrealista del asunto estuvo cuando de repente empezamos a ver gente caminando por el hombrillo de la autopista, al principio unos cuantos, luego, a medida que nos acercábamos al punto del concierto, más y más gente llegaba, para luego reunirse a lo largo del hombrillo para verlo, junto a los que venían en carro y se estacionaban ahí, junto a unos conos que diligentemente había puesto la Alcaldía de Baruta. Y fue en ese momento cuando nos preguntamos, "¿y dónde está la policía?". La respuesta fue breve y contundente: 100 m más adelante, poniendo conos y viendo el concierto. Gracias Capriles por darnos una noche inolvidable.

De diligencias.

Ese mismo día, una vez que llegamos a casa de mis padres, mi esposa partía rauda y veloz a Maracay junto a su hermana, dejándome solo. Tristemente, esta separación no se debía a un fuerte ataque de "mamitis", sino que mi suegra ha estado muy ocupada atendiendo a su madre (es decir, la abuela de mi esposa) y mi costilla quería darle una mano. Por tanto, me quedé solo en Caracas por unos días, los cuales aproveché para hacer trámites varios: acompañar a mi viejo al Seguro Social, sacarme el certificado médico para poder manejar y otros tantos trámites... En ese trajín, fuimos al centro donde me percaté de lo sucia y descuidada que está Caracas: basura por todos lados, buhoneros a granel y un gran caos. Aunque hubo algo que me llamó la atención: el cuidado y reparación de ciertos edificios del centro de la ciudad. Me sorprendió gratamente ver la Iglesia de Santa Capilla en tan buen estado, así como el esfuerzo que se ha hecho para adecentar El Silencio (aunque ese color amarillento que le pusieron a los edificios no me convence), y otros tantos edificios de época. Aunque esa grata impresión fue diluida ligeramente al notar como las iglesias no sólo tenían rejas en sus muros, sino también en sus ventanas, lo que da una idea de la inseguridad que hay en Caracas. En cuanto al tráfico, siento que no mucho ha cambiado: anarquía por doquier, autobuses supercontaminantes, reggaeton a todo volúmen y la ya nombrada suciedad. En mi opinión, Caracas necesita una buena dosis de agua y jabón para embellecerla un poco, y un poquito de civismo por parte de sus habitantes.

Y hablando del "look" de la ciudad, retomo lo de los adornos del Guaire: son feos. Punto. Y me parece de un ridiculismo insólito pararse en el hombrillo de la autopista para tomar fotos. Gente, vayan del otro lado, en Las Mercedes, al menos así molestan menos. Y hablando de Las Mercedes, Capriles, ¿quién coño te dijo que expandir hasta el ridículo la Plaza Alfredo Sadel era una buena idea?, ¿es que tú no manejas por ahí, chico?, esos adoquines son una ladilla. vamos a ver que pasa cuando comiencen a deteriorarse...

De Caracas a Maracay.

Por supuesto, la separación entre mi mujer y yo fue momentánea, así que tomando prestado el carro de mis viejos, me empujé a la tierra de Romrod a visitar a mi parentela política y pasear por la Ciudad Jardín. Lo primero que pude constatar es que hay un par de cosas que se han mantenido inalterables desde la última vez que estuve en Venezuela: el precio de la gasolina y de los peajes de la Caracas-Valencia. Es increíble que ambos se mantengan inalterados. ¿El estado de la vía?, hmmm, en mi opinión ni mejor ni peor que antes, igual, porque ni siquiera tuve que aprenderme huecos nuevos, ya que eran los mismos de toda la vida ;). Una vez en Maracay, noté que Bernal no es el único incompetente en lo que se refiere al mantenimiento y ornato de las calles, porque el alcalde de Girardot realmente se esfuerza en hacerle la competencia: huecos y suciedad por doquier, sobre todo en el centro, el cual gracias a los buhoneros era más intransitable de lo normal. Lo mejor es que los choferes maracayeros no me defraudaron porque, al igual que los caraqueños, carecían del más elemental sentido común, y para muestra esta anécdota que me ocurrió en la Avenida 19 de Abril: como había mucho tráfico en el centro, las transversales a dicha avenida estaban colapsadas, aunque ésta no tenía mayor tráfico. El problema comenzó cuando algunos individuos en vez de esperar a que estas transversales se descongestionaran un poco, se metían en el medio sin importarle que con eso trancaban a quienes estábamos en la avenida, aumentando la cola. Lo lógico hubiera sido esperar a que los de la transversal avanzaran un poco, y luego pasar cuando el semáforo indicara, sin necesidad de quedarse en el medio. Pero bueno, el sentido común no se enseña -_-.

Siguiendo en Maracay, he de comentar que por todas partes hay centros comerciales nuevos y que gracias al Centro Comercial Las Américas, entrar a Las Delicias se hace cada día más infernal. Compadezco a quienes deban pasar por ahí. Esto de muestra lo que sucede cuando se abre un centro comercial y no se respetan las más elementales normas de urbanismo. Por cierto, un saludo a las madres de los que hicieron el Centro Comercial El Recreo en Caracas.

Regresando.

En Caracas, en casa de mis viejos, me dediqué a hacer las veces de un perro viejo: estar echado y amodorrado, esperando a ser mimado y alimentado. Sólo faltó que me bañaran. Por supuesto, semejante estado de modorra hizo que me diera un gran dolor testicular tener que actualizar el blog, por lo que me limité a dejar comentarios en algunos sitios. Eso hace que hasta ahora lo actualice, ya con casi una semana de retorno en Italia. De otras cosillas que vi en Venezuela, hablaré en otra oportunidad.


Por cierto: ¡Feliz día del maestro a todos aquellos que se dedican a esa noble profesión de formar y enseñar a niños y jóvenes!, sobretodo a aquellos que educan sin ideologizar.

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lunes, octubre 02, 2006

Adaptación

Después de una visita de 3 semanas en el continente europeo, mis padres tomaron hoy el avión de regreso a nuestro país, Venezuela. De estas 3 semanas sólo 5 días no los pasaron conmigo, sino que fueron de viaje a España, específicamente a Barcelona y Madrid. En estos días fuimos a las ciudades que nombré en mi post anterior (Roma, París, Londres, Venecia, Florencia y Milán). Este viaje de mis padres me permitió notar como es difícil adaptarse a situaciones nuevas y como uno no está preparado para ver ciertos cambiamentos. Clarifico: mis padres nunca habían venido al viejo continente y la última vez que salieron fuera de Venezuela fue hace más de 20 años a Curaçao, Puerto Rico y Miami. Desde ese entonces mis padres sólo habían ido una vez a Cúcuta por unos días a comprar cosas de cuero. Es decir, no se habían sumergido en la experiencia que significa estar en una cultura totalmente distinta a la nuestra. Como podrán imaginar, mis padres no son ningunos jovencitos y ya son, aunque no lo quierean, bastante conservadores y con poca capacidad de adaptación.

El primer shock que recibieron fue a nivel del desplazamiento: cambiar el carro propio por el transporte público no fue fácil. En primer lugar porque cada vez que no se cuenta con un carro en la casa, mis padres se mueven en taxi, los cuales son increíblemente más asequibles en Venezuela que en Europa. Dígamos que mi madre aceptó a regañadientes usar trenes y metro sólo cuando le dije que una carrera podía llegar a costar entre €30 y €40.

Otro impacto estuvo en el café: no encontraron ningún sitio donde hicieran el café como les gustaba, salvo algunas excepciones en Italia donde se quejaron de lo fuerte del mismo. Porque la variedad de nuestros cafés (con leche, marrón claro u oscuro, grande o chiquito, etc.) no son del todo compatibles con la variedad italiana (macchiato, capuccino, café, etc.), francesa o inglesa (¡puaj!).

Y ya que hablo de café, fue difícil explcarles que en Italia, como en casi toda Europa (digo casi porque no sé si en otros sitios es así), las panaderías sólo venden pan. Quien haya ido a una panadería venezolana sabrá que estas no están muy lejos de ser minimercados.

Ni hablar de los precios de todo, especialmente en Londres, lo que hizo que mis padres se lamentasen de lo devaluado que está el bolívar y como su papel moneda tenía más valor como papel higiénico. Aunque la sorpresa mayo fue descubrir que los precios de la ropa eran similares o más baratos que en Caracas, lo cual hizo que de sus bocas salieran mentadas de madre al actual gobierno y a los anteriores, así como a los comerciantes venezolanos: los primeros por incompetentes y los segundos por especuladores.

Fue interesante oir sus opiniones, sobretodo lo referente a la política venezolana y su visión del futuro: la salida de Venezuela está en Maiquetía. Mis padres hablaban con temor del gobierno Chávez, de como cada día los impuestos y las leyes ahorcan a la gente y que los únicos que parecen que están mejorando su calidad de vida son los militares y los fanáticos chavistas (en la zona de Alto Prado donde viven, la mayor parte de los nuevos vecinos son militares o gente que trabaja de una forma u otra con el gobierno). Incluso mi madre decía que debía tener cuidado con lo que decía, el tono y de frente a quien lo decía debido a que nunca se sabe que va a pasar. De hecho, una de sus preocupaciones era nuestra re-adaptación a Venezuela: de poder salir tranquilamente a caminar por la calles de Milán a estar mirando para todos lados con miedo de ser asaltado, o la dificultad para conseguir trabajo y un largo etcétera.

Y es esa readaptación la que me preocupa: ¿podremos hacerlo bien o seremos como mis amigos que aun hoy ven con el rosa de la nostalgia el tiempo que hemos estado en Europa olvidando lo malo que pasamos acá?; una vez cumplido el tiempo exigido por Fundayacucho, ¿permaneceremos en nuestro país o iremos a otras tierras en busca de mejores oportunidades?. Sobre todo porque uno piensa que el proyecto (si es que alguna vez ha habido algo remotamente similar a un proyecto) de país que presenta el actual gobierno no incluye a quienes no nos sentimos representados por él. A mí esposa y a mí nos da un poco de miedo, porque como dije, a pesar de no tener mucho, a pesar de estar técnicamente pelando bola, acá en Europa vivimos con una cierta comodidad que vemos lejana allá en Venezuela. Todo es cuestión de adaptación. Y, tristemente el ser humano se adapta a todo, incluso a condiciones de vida que cree intolerables.


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