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domingo, febrero 26, 2012

Preparándonos para irnos: ¿por qué Australia?

Como habrán visto en mi post precedente, realmente no voy a hablar mucho de como fue nuestro proceso migratorio. De hecho, considero que hay muchos blogs que lo explican en detalle, y que prefiero recomendar:

En nuestro caso particular, nos decidimos por Australia por una sencilla razón: los tiempos. A pesar de haber tardado practicamente dos años en el proceso, en un principio la consideramos por encima de Canadá porque nuestro asesor migratorio "Viva en Australia" (VEA) nos dijeron que el proceso era sumamente rápido. De hecho, lo es pero en nuestro caso hubo un cambio de la política migratoria australiana que hizo que nos atrasáramos y cuyo único culpable fue nuestro asesor, quienes no tomaron en cuenta este cambio cuando fueron a introducir nuestros documentos en DIAC (la oficina de migraciones australiana); afortunadamente no nos hicieron pagar ningún extra porque fue su error, aunque no nos perdonaron con la asesoría para el patrocinio por parte de la región de South Australia, y nos cobraron un extra por la devaluación del dolar americano respecto al australiano, pero en general todo bien, a diferencia de muchas historias de horror que he leído sobre VEA.

Pero, retomemos el punto donde porque escogimos Australia sobre Canadá. El punto fundamental en nuestra decisión fue una muy simple, como dije anteriormente: el tiempo. El asesor migratorio que consultamos para ir a Canadá nos dijo que había un atraso de hasta dos años en obtener una respuesta desde el momento en que se ingresan los documentos a migraciones. Además, nos informaron que la única región por donde el procedimiento era rápido era Québec pero teníamos que aprender francés y esperar, esperar y esperar. Australia nos ofrecía rapidez. Efectivamente, una vez que introdujimos los documentos en migraciones, tardamos pocos meses en recibir el sí definitivo: introdujimos los papeles en Junio 2011 y nos dieron el sí en Agosto 2012 (mejor imposible).

Ya en este momento, luego de haber sacado de donde no tenemos la plata para irnos, nos faltan sólo dos semanas para irnos definitivamente de Venezuela. Todavía nos quedan muchas cosas por hacer: vender nuestros corotos, celebrar el último cumpleaños de mi hija en Venezuela, despedirme de mi familia y amigos. Es duro, pero ya estamos listo para vivir en el tercer país distinto del nuestro.


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martes, julio 08, 2008

Venezuela en gotas.

He estado ya unos diez días en Venezuela, y mis impresiones han sido tan variadas que no sé por donde empezar a describirlas. Creo que el haber estado por tanto tiempo fuera de Venezuela me permite ver nuestras exóticas costumbres con la sorpresa de ojos extranjeros y, simultáneamente, con la familiaridad del nativo de estas tierras. Por eso, más que un post extendido, prefiero poner breves comentarios sobre lo que he visto en estas tierras tropicales.

  • Bailen chicas las de silicón/por que son son dos de silicón. Este verso de la canción "Silicon Valley" del grupo venezolano Fauna Crepuscular indica unas de las cosas que más saltan a la vista cuando se pasea por las calles de Venezuela: la popularidad de las lolas de silicón. Por todas partes se ven. Lo peor, o más interesante, es que incluso los maniquíes en las tiendas siguiendo esta tendencia parecen salidas de la imaginación de un dibujante de comics eróticos.

  • Santería fashion. Desde hace unos años la santería está fuertemente de moda en estas tierras, lo que ha traído que mucha gente se haya unido a las filas de este ¿culto? o ¿religión? y que ha hecho que el mercado reaccione en consecuencia: en las tiendas (al menos en Maracay, de dónde es mi esposa) se observen vitrinas con maniquíes totalmente vestidos de blanco pensando en la gente que se inicia en los secretos del culto yoruba. Tendencia reflejada en las ropas vendidas por los buhoneros del centro, en donde el blanco es rey.

  • Tráfico infernal. No sabía hasta que punto el tráfico tanto en Caracas como en Maracay se habían vuelto tan infernales hasta estos días en que he estado manejando. Ciertamente, tener carro es agradable pero el hecho de no existir unas alternativas adecuadas al carro particular hace de las colas en esta tierra una experiencia cercana al infierno.

  • Estamos gordos. Esa fue la conclusión a la que llegué después de pasearme por distintos centros comerciales, en particular los hombres: mientras en Italia yo resaltaba por mi sobrepeso, en estas tierras de gracia estoy en el promedio. Incluso, esta realidad es más marcada en los hombres casados. Vi algunos tipos que poco les faltaba para tener una luna orbitando alrededor de ellos. Ciertamente, he visto mujeres gordas, y su presencia fue confirmada por las distintas tiendas de ropa femenina que he visto ofreciendo tallas grandes. La confirmación de lo visto, vino cuando vi un programa en Venevisión llamado "Sudando la gota gorda", en donde los participantes se coprometían a perder peso (no lo vi en mayor detalle, porque no me gusta la televisión venezolana).

  • Todo gobierno. El peso del estado es notablemente grande en Venezuela, y me estoy dando cuenta ahorita, a pesar de venir de Italia, país con un estado mastodóntico. Pareciera que cualquier cosa que uno quiera hacer en este país pase a través del peaje del estado.

  • Confusión monetaria. Como la reconversión monetaria ha sido bastante chucuta, los billetes y monedas viejos coexisten con los nuevos, generando gran confusión, en particular con las monedas, porque es fácil olvidar que una de 10 céntimos de bolívares fuertes es igual a una de 100 bolívares y si a eso agregamos la escasez de monedas de baja denominación, te acostumbras a recibir vueltos incompletos. De paso, gracias a esta similitud, te quedas mirando las monedas por largo rato a ver si en verdad te dieron lo que es.


Esto son algunas de las cosas que he visto hasta ahora, por supuesto, me tocará expander esto más adelante, por ahora, heme aquí en Venezuela.


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martes, agosto 21, 2007

Regresando de vacaciones.

Pues sí, me estoy reincorporando a mis labores cotidianas, luego de haber tenido dos semanas de vacaciones, de las cuales una las pasé con mi esposa en la playa, mientras la otra la dedicamos a estar echados en nuestra casa. Ya con las pilas puestas y sin ánimos de regresar, henos aquí en la universidad finiquitando varios detalles para la tesis, ya que se acerca cada vez más el fatídico día en el que tendré que entregarla (no porque no quiera, sino porque simplemente me asusta).

En fin..., este verano no hicimos unas vacaciones culturales, sino de playa. Fuimos a la Puglia (Apulia en español), región que corresponde al tacón de la bota italiana. ¿Por qué ir hasta allá?, pues en primer lugar porque era más barato que otras playas. El único detalle fue el tener que recorrer 1200 km para llegar al pueblo donde nos quedamos, Torre San Giovanni, ubicado casi en la punta del tacón de la bota. Debido a esta distancia tan larga, hicimos una parada en la ciudad costera de Pescara, justo a mitad de camino, en donde los empleados del hotel donde nos quedamos a pasar la noche al ver nuestros pasaportes venezolanos nos dijeron que en las cercanías había un "pub venezolano".

Siguiendo sus indicaciones, llegamos al lugar y descubrimos que el sitio más que un pub era una taguara dedicada a la venta de comida rápida venezolana, tales como arepas, empanadas, cachapas, y hamburguesas venezuelan style: con papitas fritas, tomate, lechuga, mucha salsa, cebolla, queso y huevo frito; así como perros calientes y otras variedades de hamburguesa venezolana. El propio sitio inspirado en una de las calles del hambre que se encuentran en nuestra geografía. El sitio, atendido por sus propios dueños, goza de bastante popularidad entre turistas, locales e inmigrantes venezolanos. Ante nuestra sorpresa, el dueño nos comentó que el Abruzzo es una región en donde hay una gran colonia venezolana, lo que nos confirmó uno de los comensales del sitio: al parecer muchos han decidido regresar a la tierra de sus padres/abuelos a probar suerte, dada la situación económica de Venezuela en la actualidad. Repletos de comida que teníamos tiempo sin probar (nos da flojera hacer empanadas), descansamos esa noche y finalizamos nuestro recorrido.

En el tacón de la bota...

Una vez que partimos hacia al sur, no tuvimos mayores problemas, salvo una cola más o menos grande a la altura de Bari, para luego pasar al árido paisaje pugliese, en donde sólo observamos plantaciones de olivos, trigo y vid. De hecho, la región donde fuimos (la península salentina) tiene como productos típicos el aceite, la pasta y un vino particularmente fuerte. Afortunadamente, nuestra estadía tuvo como única novedad interesante el hecho de que hacía mucho tiempo y que las playas eran particularmente bellas: de arenas blancas y aguas transparentes. Por supuesto, no nos limitamos sólo a bañarnos en la playa y tomar el sol, fuimos a Santa María de Leuca, el punto más al sur de la Italia Oriental, así como Lecce, una ciudad bastante bonita y tranquila. Por supuesto hay fotos de todo eso, sólo tienen que darle un ojo a mi página en Flickr, en donde podrán verlas. A continuación dejo dos de éstas.

Así que bueno, oficialmente, he regresado a trabajar.

Paisaje Pugliese.
Paisaje Pugliese


Playa en Torre San Giovanni.
Torre San Giovanni.

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lunes, enero 15, 2007

En Venezuela II

Continúo mi post anterior sobre mi llegada al país.

Gracias al movimiento navideño y mis constantes viajes entre Maracay y Caracas (les recuerdo una vez más que mi costillita es de la Ciudad Jardín) no atendí el blog en lo más mínimo, salvo por un post. Lo peor es que lo actualizo a pocos días antes de la fecha de mi retorno a Italia (08/01/07). Así que mejor me apuro y termino de escribir mi llegada y algunas de mis impresiones.

Tal como dije anteriormente, con una sutil mentada de madre pero con la alegría de ver a mis padres, arrancamos de Maiquetía únicamente con nuestras maletas de mano. Gracias Iberia por tu eficiencia. Afortunadamente, mi esposa por esas cosas del destino había empacado algunas prendas en el maletín de mano porque no cupieron en nuestras maletas, lo cual le permitió cambiarse la ropita ese fin de semana. Por mi parte, como llegábamos a casa de mis padres, ahí todavía tenía suficiente ropa para cambiarme por varios días pero con un ligero defecto: olor a guardado. Así que sobrevivimos hasta la llegada de nuestro equipaje el 16/12/06.

Subiendo la Trocha.

Después de llegar a Maiquetía, hacer los saludos de rigor y meternos en el carro, procedimos a participar en esa gran experiencia comunitaria y sumamente democrática que es la denominada Trocha (así, com mayúscula y todo). Esta experiencia induce a todos por igual, sin importar su credo, raza, condición social o calidad de su transporte, a una experiencia comunitaria que se traduce en una cola de una hora y media, en la cual se puede conversar, mentar madre, dar gracias a Dios por tener aire acondicionado, etc etc etc. Toda una experiencia mística, democrática y solidaria.

Luego de estar por hora y media metido en esa cola y dando gracias porque no era yo quien manejaba, llegamos a la nunca bien ponderada Trocha. Allí, como en un embudo, nos fusionamos todos los canales en uno solo, y pasamos, admirando la gran labor de ingeniería ejecutada por este gobierno. Al lado estaba la construcción del nuevo viaducto, la cual me comentaron recientemente está encargada a una malvada empresa imperialista. Mi esposa y yo mientras admirábamos el nuevo viaducto, notamos algo que nos llamó la atención en las columnas: éstas eran acanaladas. "Ajá, ¿y?", se preguntarán algunos, pues, las columnas acanaladas son más propensas a sufrir de corrosión de sus refuerzos internos (sus cabillas). Esto se debe a que la capa de concreto que las recubre es muy delgado, lo que facilita la penetración del agua y del CO2 atmosférico, lo que provoca la corrosión de las cabillas. ¿Solución?, eliminar esas canales. Lamentablemente, esta es una información relativamente reciente, y que no aparece en ninguna normativa (apenas acaban de introducirla en la U.E.), lo que hasta cierto punto justifica que la empresa que está haciendo el viaducto lo desconozca. Así que en algunos años es posible que veamos problemas de corrosión en esa vía. Advertidos están.

Lo mejor de la experiencia ¿trochística? fue que pudimos repetirla al otro día cuando fuimos a buscar nuestras maletas, los que nos llevó nuevamente a ese estado nirvánico que es la cola de la trocha, tanto de bajada como de subida...

En Caracas.

Una vez superada la Trocha, Caracas nos recibió ¡con una enorme cola!. Dicha cola nos permitió observar los adornos en el Guaire, tanto del lado de Libertador como del de Baruta. En mi opinión, ambos arreglos son feos pero pareciera que en Libertador hicieron un esfuerzo mayor para que se vieran más feos. Gracias a esos adornos, la cola fue particularmente memorable. Pero mejor estuvo el día siguiente (la cola, quiero decir) cuando regresábamos con las maletas, después de habernos calado la trocha de bajada y de subida, la cola en Caracas ¡era mucho peor!, cualquiera pensaría que la culpa la tendría el exceso de carros que hay actualmente en nuestras calles, o que hubo un accidente, o que Caracas es una locura... ¡Pues no!, resulta que el 16/12 la Alcaldía de Baruta había organizado una especie de concierto gratuito de frente a su sede, lo cual incrementó el normal embotellamiento que se observa en la Autopista Francisco Fajardo. Lo más surrealista del asunto estuvo cuando de repente empezamos a ver gente caminando por el hombrillo de la autopista, al principio unos cuantos, luego, a medida que nos acercábamos al punto del concierto, más y más gente llegaba, para luego reunirse a lo largo del hombrillo para verlo, junto a los que venían en carro y se estacionaban ahí, junto a unos conos que diligentemente había puesto la Alcaldía de Baruta. Y fue en ese momento cuando nos preguntamos, "¿y dónde está la policía?". La respuesta fue breve y contundente: 100 m más adelante, poniendo conos y viendo el concierto. Gracias Capriles por darnos una noche inolvidable.

De diligencias.

Ese mismo día, una vez que llegamos a casa de mis padres, mi esposa partía rauda y veloz a Maracay junto a su hermana, dejándome solo. Tristemente, esta separación no se debía a un fuerte ataque de "mamitis", sino que mi suegra ha estado muy ocupada atendiendo a su madre (es decir, la abuela de mi esposa) y mi costilla quería darle una mano. Por tanto, me quedé solo en Caracas por unos días, los cuales aproveché para hacer trámites varios: acompañar a mi viejo al Seguro Social, sacarme el certificado médico para poder manejar y otros tantos trámites... En ese trajín, fuimos al centro donde me percaté de lo sucia y descuidada que está Caracas: basura por todos lados, buhoneros a granel y un gran caos. Aunque hubo algo que me llamó la atención: el cuidado y reparación de ciertos edificios del centro de la ciudad. Me sorprendió gratamente ver la Iglesia de Santa Capilla en tan buen estado, así como el esfuerzo que se ha hecho para adecentar El Silencio (aunque ese color amarillento que le pusieron a los edificios no me convence), y otros tantos edificios de época. Aunque esa grata impresión fue diluida ligeramente al notar como las iglesias no sólo tenían rejas en sus muros, sino también en sus ventanas, lo que da una idea de la inseguridad que hay en Caracas. En cuanto al tráfico, siento que no mucho ha cambiado: anarquía por doquier, autobuses supercontaminantes, reggaeton a todo volúmen y la ya nombrada suciedad. En mi opinión, Caracas necesita una buena dosis de agua y jabón para embellecerla un poco, y un poquito de civismo por parte de sus habitantes.

Y hablando del "look" de la ciudad, retomo lo de los adornos del Guaire: son feos. Punto. Y me parece de un ridiculismo insólito pararse en el hombrillo de la autopista para tomar fotos. Gente, vayan del otro lado, en Las Mercedes, al menos así molestan menos. Y hablando de Las Mercedes, Capriles, ¿quién coño te dijo que expandir hasta el ridículo la Plaza Alfredo Sadel era una buena idea?, ¿es que tú no manejas por ahí, chico?, esos adoquines son una ladilla. vamos a ver que pasa cuando comiencen a deteriorarse...

De Caracas a Maracay.

Por supuesto, la separación entre mi mujer y yo fue momentánea, así que tomando prestado el carro de mis viejos, me empujé a la tierra de Romrod a visitar a mi parentela política y pasear por la Ciudad Jardín. Lo primero que pude constatar es que hay un par de cosas que se han mantenido inalterables desde la última vez que estuve en Venezuela: el precio de la gasolina y de los peajes de la Caracas-Valencia. Es increíble que ambos se mantengan inalterados. ¿El estado de la vía?, hmmm, en mi opinión ni mejor ni peor que antes, igual, porque ni siquiera tuve que aprenderme huecos nuevos, ya que eran los mismos de toda la vida ;). Una vez en Maracay, noté que Bernal no es el único incompetente en lo que se refiere al mantenimiento y ornato de las calles, porque el alcalde de Girardot realmente se esfuerza en hacerle la competencia: huecos y suciedad por doquier, sobre todo en el centro, el cual gracias a los buhoneros era más intransitable de lo normal. Lo mejor es que los choferes maracayeros no me defraudaron porque, al igual que los caraqueños, carecían del más elemental sentido común, y para muestra esta anécdota que me ocurrió en la Avenida 19 de Abril: como había mucho tráfico en el centro, las transversales a dicha avenida estaban colapsadas, aunque ésta no tenía mayor tráfico. El problema comenzó cuando algunos individuos en vez de esperar a que estas transversales se descongestionaran un poco, se metían en el medio sin importarle que con eso trancaban a quienes estábamos en la avenida, aumentando la cola. Lo lógico hubiera sido esperar a que los de la transversal avanzaran un poco, y luego pasar cuando el semáforo indicara, sin necesidad de quedarse en el medio. Pero bueno, el sentido común no se enseña -_-.

Siguiendo en Maracay, he de comentar que por todas partes hay centros comerciales nuevos y que gracias al Centro Comercial Las Américas, entrar a Las Delicias se hace cada día más infernal. Compadezco a quienes deban pasar por ahí. Esto de muestra lo que sucede cuando se abre un centro comercial y no se respetan las más elementales normas de urbanismo. Por cierto, un saludo a las madres de los que hicieron el Centro Comercial El Recreo en Caracas.

Regresando.

En Caracas, en casa de mis viejos, me dediqué a hacer las veces de un perro viejo: estar echado y amodorrado, esperando a ser mimado y alimentado. Sólo faltó que me bañaran. Por supuesto, semejante estado de modorra hizo que me diera un gran dolor testicular tener que actualizar el blog, por lo que me limité a dejar comentarios en algunos sitios. Eso hace que hasta ahora lo actualice, ya con casi una semana de retorno en Italia. De otras cosillas que vi en Venezuela, hablaré en otra oportunidad.


Por cierto: ¡Feliz día del maestro a todos aquellos que se dedican a esa noble profesión de formar y enseñar a niños y jóvenes!, sobretodo a aquellos que educan sin ideologizar.

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viernes, diciembre 22, 2006

En Venezuela

Escribo estas líneas desde la casa de mis padres en Caracas. Así es en estos momentos este servidor se encuentra en Venezuela para pasar las vacaciones de navidad junto con su esposa y demás familiares. Para quien pueda estar interesado, llegué el 15/12 en el vuelo de Iberia desde Madrid pasando por pocas vicisitudes, a diferencia de la última vez que viajé para acá (ver aquí). A pesar de eso, este viaje tuvo varias fuentes de emoción: taxis de madrugada, equipajes perdidos, retrasos, puente aéreo, trocha y colas, muchas colas. ¿Qué más se puede pedir por 812,45 euros por persona?

Motivos.

Para nosotros este ha sido un año movido: mi suegro murió, un tío de mi esposa también, mi madre fue operada de cataratas, un pana perdió su madre, otro su abuela, a mi viejo casi le da un infarto y un largo etcétera. Esto nos llevó a la conclusión de que al menos esta navidad la teníamos que pasar acá, porque de lo contrario no volveríamos sino hasta el 2008. El hecho de viajar a navidad hizo el comprar los pasajes una misión cuesta arriba debido a que diciembre es temporada alta por lo que son más caros y escasos (¡malditas leyes del mercado!). Con esas condiciones, y armados con tarjeta de crédito, la aprobación de nuestros jefes y unos euros en las manos, arrancamos a la aventura, escogiendo el 15/12 como fecha de partida. Esto nos hizo comprarlos con Iberia, en septiembre, relativamente caros y con una ruta ligeramente mamante: Milán-Barcelona, Barcelona-Madrid, Madrid-Caracas, envidiable, ¿no?. ¿La razón?, esas eran las condiciones que nos daban el pasaje más barato.

El viaje: Milán.

Debido a que salíamos desde Milán a las 7:15 AM, y que había peligro de huelga de autobuses, decidimos irnos en taxi a eso de las 5:00 AM. Menos mal que el aeropuerto de partida era Linate1, lo que hizo que el taxi costara sólo 19,50 euros. Lo malo es que nos teníamos que levantar a las 4:00 AM, pero por cuestiones de último minuto nos acostamos a las 11:00 PM, y con los nervios, ya a las 3:10 estábamos despiertos. Pregúntenme si dormimos en el vuelo.

Luego de pasar las maletas, ligando que los regalos llegaran bien a su destino, nos encontramos con una conocida italo-venezolana que también iba a estas tierras a pasar las navidades en el "caldo". Juntos, nos montamos en el avión a Barcelona, dispuestos a dormir lo que pudiéramos.

El viaje: Barcelona y Madrid.

Ignoro si llegamos a tiempo a Barcelona, o más bien fue tarde, el hecho es que entre la hora de llegada y la de partida teníamos 50 minutos. Minutos que fueron gastado yendo desde un avión al otro, con intermedio de cola para que nos sellaran los pasaportes. Aquí nos sucedió algo ¿cómico?: el policía de aduanas cuando sella nuestros pasaportes nos pide el permiso de residencia italiano, y yo me pregunto ¿para qué lo quiere si vamos de salida?. En fin, lo mostramos y arrancamos.

El avión que nos transportaba a Madrid era lo que Iberia denominaba puente aéreo: todos los que salían con destino a las Américas cogían el mismo vuelo, no importaba si el destino era Lima, Bogotá, Caracas, Santo Domingo o Nueva York, todos íbamos juntos. El viaje no tuvo mayores novedades, pero la verdadera emoción comenzaba.

En Madrid, corrimos como locos al terminal que nos correspondía, para descubrir que nuestro vuelo tenía una hora de atraso. Pero lo que hizo más emocionante nuestra estadía fue la nueva revisión que nos hicieron en el aeropuerto de Barajas, dando entender la poca confianza que tienen en ese aeropuerto hacia sus pares europeos. Otra cosa que le añadió pimienta a la estadía en este aeropuerto fue el simpático sentido del humor de los empleados de Iberia, quienes nos juraron, por este puñado de cruces, que el avión no iba a llegar con retraso. No sólo llegamos a Maiquetía con retraso, sino que éste era de 1 hora y media. Mis padres también encontraron esto muy divertido.

Dentro de Barajas, nos dedicamos a curiosear las tiendas, lo que nos sirvió para matar los regalos navideños de los familiares del sexo femenino (¡qué arrecho es el damasquinado!2), y gracias a la muchacha con la que viajamos conocimos que hay un mundo mejor, sólo que cuesta un poco más: nada como las salas VIP para hacer sentir que no tienes plata. ¿Problemas?, bueno, uno: cuando encendí mi laptop para usar los puntos Wi-Fi del aeropuerto, tuve que apagarla antes de que terminara de cargar Windows y cuando la reencendí en casa de mis viejos, no se cargaba bien, sino que se reiniciaba automáticamente. Parece que tendré que reinstalar windows, menos mal que todo lo importante está salvado en un backup.

Una vez agarrados los corotos y metidos en la cola, partimos hacia Venezuela cargados de cansancio y alegría, con ganas de ver a familiares y amigos.

El Viaje: Maiquetía.

El viaje hasta Maiquetía no tuvo ninguna novedad: dormimos, comimos, vimos películas, etc. El único detalle es que no nos dieron las planillas del SENIAT e Inmigración.

Al llegar a Maiquetía, tuvimos un encuentro con una gran cantidad de sorpresas que nos dejaron con la boca abierta. La primera fue la parte inmigración: ordenada, limpia, grande. Coño, ¡hasta parecía del primer mundo! (felicidades a los del IAAIM). Rápidamente sellaron nuestros pasaportes y pasamos a las bandas infinitas a recoger nuestros equipajes. Acá tuvimos la segunda sorpresa: las maletas no llegaron. Nos enteramos que las maletas se quedaron en Barcelona, nunca llegaron a abordar los otros vuelos y llegaban al otro día (el 16/12). Mentadas de madre aparte, nos dimos cuenta de lo organizados que están con lo del equipaje perdido porque ya eso estaba en el computador, ergo, debe ser algo muy frecuente en Iberia. Agradecimos que fuese invierno, así el queso y los salamis que traíamos no se iban a joder al dejarlos a la intemperie.




Actualización 23/12/06: Ignoro por qué, pero Blogger no publicó la parte final de este post, la cual redactaré proximamente.

1Linate es para Milán lo que La Carlota es para Caracas, sólo que en vez de estar rodeado por la ciudad está en las afueritas. Como si La Carlota estuviera en Mampote (para los lectores no caraqueños, no sé como explicarles).
2Si quieren saber que es damasquinado, ¡búsquenlo en Google!, no sean flojos.

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