jueves, mayo 18, 2006

Concierto estivo de violines.

Con la llegada del calor, y el pronto inicio del verano, acá, en tierras milanesas se pueden sentir los violines de esta cálida estación. Intérpretes, no sólo italianos, sino de diversas latitudes se esmeran en demostrar quienes son los mejores violinistas: italianos del sur, del norte y del centro, de ciudades y pueblos, así como africanos, árabes e hindúes, luchan entre sí para hacerle ver al turista o al nativo, quien es el mejor violinista. Es una cosa increíble, porque también con el incremento del flujo de turistas vemos como violines de otras tierras europeas, como Gran Bretaña, Alemania u Holanda, bajan a estas tierras a demostrar sus habilidades aunque sea por unos pocos días.

Y no es que en la estación fría los violines no se sientan, no, al contrario se sienten más no con tanta fuerza como en la "calda stagione". Es en esta estación cuando puedes reconocer la fuerza violinística que viene de las tierras allende el Sahara, o las particularidades de aquellos provenientes de los desiertos, como los árabes. Es en el exotismo de los naturales del sub-continente indio, o en la exuberancia de los naturales del norte de Europa, cuando vemos que el violín es algo universal que une a los pueblos.

Por supuesto, los italianos, como dueños de casa, tratan de demostrar que no son menos que inmigrantes y/o turistas, y a través de su exuberancia natural, demuestran que no por nada Italia es una tierra de grandes violinistas. Extrañamente, los únicos que se sustren a este concierto de violines somos los latinoamericanos, los chinos y los filipinos, pueblos en los que el violín es visto con desdén y desprecio.

Localizar los mejores violines no es difícil, basta sólo subir al metro, al autobús o a un tranvía cualquiera, sobre todo al final del día, para sentir como los violines penetran en tu cuerpo, sin darte la oportunidad de retroceder, o de huir. El influjo de los violines te atrapa y no te queda otro sino disfrutarlo, porque sabes que no tienes opción, y que tu nariz po muy delicada que sea, no le queda otra que tolerar la peste. Porque, para quien no lo sepa, en argot venezolano llamamos violín al tufo, al mal olor típico del sudor, sobre todo de ese viejo y que se igual de mal en el obrero inmigrante como en el yuppie nativo.

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1 comentario:

  1. Tuve esa experiencia cuando viví en Florencia. Pero curiosamente aquella vez nos enamoramos de los acordes de un violinista muy bajito él que resultó..argentino. Fué por Santa Maria Novella y lo recuerdo como si hubiese sido ayer.
    slds,

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